Los Peumas de Andrés
Dedicado a los que siempre alentaron mis “supuestos dotes literarios” a mis hijos y al clan Bravo Cuervo- Riquelme-Muñoz, a las amistades de todo estos años y a Peumo el sitio de mi pequeña inmortalidad.
Peuma:
en la cultura mapuche se trata de visiones que son anuncios o
explicaciones de las situaciones de la vida que se revelen en los
sueños.
Hablo
de Peuma y no de recuerdo, pues es en la infancia, que las visiones se
convierten en perennes, son entonces una realidad que moldea la existencia. La forja que caduca y demarca nuestras expectativas, sueños y saberes.
La motivación de transcribir al lenguaje escrito lo
más granítico, la esencilidad de la vivencia es relevar esta
maravillosa de oportunidad de ser el que invita y es invitado a la
existencia, no es otra cosa que el intento a como de lugar de entregar la promesa de la que todos somos depositarios y
que el cruce del azar, perseverancia, afecto e iluminación podrán
finalmente el resultado, en ese epitafio que todo persona que afronta la
muerte finalmente sabe que le corresponde.
El manantial profuso de los olores atávicos acechando, o los viejos sonidos cotidianos que adormecían la conciencia de lo vasto, la musicalidad cantarina del paisaje que solo se devela al que acepta sus códigos,
el lenguaje de la sociabilidad adquirida por una convivencia ritual y
simultáneamente coloquial son por así decirlo, el escenario en donde el Andrés
de entonces se quedo conmigo conversando y conversando, así como el
viento desaliña los árboles o el rió le da el habla a las piedras.
I.
La primavera escolar tiene soberana,
es Rita I.
Mi lugar, el final de la comparsa, de diminuto
Pirata.
Cómo quisiera que su sonrisa me fuera dedicada,
amor silencioso que me tamborea.
No tengo más consuelo que un helado marca Gulutrén de
sabor canela.
II.
Los balancines del patio de juegos del kinder son para mí aviones, y
oportunidad para encontrarme la mirada de Verónica.
Me impresiona lo albo de su piel,
el orden inmaculado y silencioso que la habita,
del cual siento respuestas.
III.
Voy a la estación a esperar el tren del mediodía.
Veo venir la locomotora diesel 7004 que lo encabeza,
comprendo que en el ayer han quedado mis viejas locomotoras clase 500
con su vapor y su negro aspecto.
la aguja de la ausencia ha zurcido en mí por primera vez.
IV.
18 de septiembre,
desfilo elegante con un traje Ville de Nice de chaqueta con insignia
de dueño de yate en el bolsillo del corazón
y pantalón corto.
Voy marchando por la calle Carmen y desde la esquina veo que por Walker Martínez, pasa el Vía RUC Gordo que trae a mi hermano desde Santiago.
V.
Mi
alfombra mágica llega un anochecer lluvioso, en esos vehículos de
repartos cerrados de la capital. El color predominante es verde y pasa a
tener el sitio central del living. Por esos mismos días, me llevan a la
casa de los Ortega. Es una casa patronal que según lo que me han
contado debiera ser apabullante para corresponder a toda esa riqueza que
se dice tiene esta familia.
Mi
decepción es grande, al encontrarme en la entrada unas descoloridas
baldosas verdosas en la gran casa, más bien preparada para acoger las
necesidades laborales de sus habitantes, lo que me lleva a comentar que
esta no es casa de ricos por cuanto no tiene alfombras.
VI.
Hay elecciones para presidente de la República. Los candidatos visitan el pueblo.
Desde la ventana del living una tarde nublada y amenazante veo pasar la marcha
de los allendistas.
Al chalet que arrendamos a los Miranda viene Freí, el candidato de mi madre.
Nos deja de recuerdo un vaso de plástico rosado con su apellido pintado blanco, que usamos por años para enjuagar la boca después del cepillado de los dientes.
Las
vecinas cooperan con plantitas en flor para crear un jardín artificial
en la descuidada entrada de la casa del dentista Miranda.
Freí
entra rápido y sonriente, es alto, pues logro verlo desde unos 20
metros, en medio de los que se agolpan para saludarlo. Mi hermana
Marisol en un gesto valiente lo deja con la mano extendida.
Hay otro candidato, Durán, el de mi padre. Pero salvo él no sé de nadie más que lo mencione.
VII.
Vamos con mi tía en la citroneta del abogado Cruzat a Santiago.
Multitudes, inmensos letreros de Orange Crush, Esso, Copec.
Mi hermana Marisol va becada a USA.
El aeropuerto Cerrillos esta lleno de gente, Carlos Cruz Coke me sube en sus hombros.
Ahora
sí puedo mirar el plomizo Caravelle PANAGRA, es inmenso y reluce entre
la loza mojada y la gran linterna de la torre de control.
No distingo a mi Marisol pero pronto el avión ha despegado.
Sé que volverá nuevamente alada con un regalo para mí.
VIII.
Estoy por dormirme y un disparo interrumpe la noche pueblerina.
Pronto sube mi tía para tranquilizarme. Me cuenta "Don Otto iba en una moto y en
vez
de tocar la bocina se tocó el poto". Me da un ataque de risa.
Con el tiempo me enteré que con ese disparo un marido despechado dic muerte a su mujer.
IX.
Fin de año, la tía Rina me promueve a primero,
dice que me aburriría con otro año más de kinder.
Yo entiendo que he pasado de curso gracias a la reforma agraria.
X.
Un
largo viaje al sur en tren que tomamos en San Fernando, el convoy a su
llegada parece remecer no sólo el andén, sino la noche de verano
calurosa.
El coche de primera va repleto, hemos conseguido asientos, pero vamos apretados.
De vez en cuando pasa una larga estela de luz amarilla por las ventanas.
Es otro tren en sentido contrario que rompe el letargo adormilado de los pasajeros.
En la mañana nos bajamos en Renazco.
Un hermoso buscarríl de color plomizo, techo blanco y líneas horizontales azules, de dos vagones de asientos rojos nos lleva.
El sol de la mañana le saca un amarillo intenso a los trigales ya secos.
Llegamos a Angol.
XI.
Dibujo
unos barcos de cascos cuadrados en el cuaderno empastado de recetas de
mi mamá, son la Esmeralda y el Huáscar en pleno combate.
El silabario El Ojo es de tipografía negra.
Mi primera lectura las vocales y el Señor Faundez me pone un siete por esa lección.
Lo trasladan a Las Cabras, no más ha pasado un mes de clases.
El profesor que llega tiene un confortable apellido: Ford, es enojón, a punta de coscorrones y reglazos coloca orden,
Después nos toca una señorita muy pulcra y todo es más calmo.
Me cuesta aprender a leer, mi tía y mamá "no me tienen paciencia" como diría el chavo.
Tengo
mi propia Gabriela, es Pérez eso sí, y me enseña a leer, años después
será ministra de la primera sala de la Corte de Apelaciones de Santiago.
Vaya ilustre profesora.
XII.
A medio año Verónica deja el pueblo.
El
Sinca celeste conducido por su padre siempre pasaba proveniente del
Fundo SOFRUCO a eso de diez para las once los domingos frente a la casa.
La posibilidad de verla antes de la misa, un vacío, una espera inútil,
que va diluyéndose como se va achicando el esperado Loly de las matinée,
un poco después de las segundas campanadas dominicales.
Tengo
un gran amigo se llama Oscar Corrales vive en una casa de techos altos y
corredores al patio con mampara de vidrios y un inmenso jardín.
Un
día tenemos la idea de tratar de pasar nuestros bolsones por arriba de
la mampara. Fracasamos y al estruendo de los vidrios rotos aparece la
mamá de Oscar y se lo zurra.
Qué
vergüenza. Tengo ganas de ir al baño y no me atrevo a interrumpir a los
profesores que están adelante, no hay caso, me hago no más.
Oscar dice que no volverá a sentarse al lado mío. Me voy todo humillado y mi mama histérica me reta, además, de rebote.
XIII.
Matinée
a las 3:30. Los domingos voy con la Teresa y puedo comer dulces
Ambrosoli surtidos, de anís o Loly.El Daniel Aviles, novio de la Tere,
nos saca a pasear en una moto Lambreta, vamos para La Arboleda o al
estadio y después tomamos bebidas en la fuente de soda del Quico Meza.
En el Wurlitzer escuchamos "Caramelo de menta, caramelo de fruta, yo te
quiero amor" o "Para abril o para mayo".
De
un día para otro la Teresa comienza a salir con el Raúl que trabaja en
la estación, entonces vamos al Hotel Central y degusto los ricos
sándwiches de jamón que pasarán a encabezar el ranking de lo apetitoso.
XIV.
Los temporales se suceden unos a
otros como un efectivo castigo para el maldadoso que llevo adentro. El
viento y el pestañeo de la luz me asustan, los recorridos del doctor
Paredes en su inmenso auto negro aumentan. La muerte no sólo se presenta
cotidiana en el paso lento y silencioso de los funerales, también se
anuncia en los cromados del auto del galeno del pueblo y silba por entre
el zinc y las ramas de paltos y naranjos de la quinta.
Pienso
en mi nana Teresa, allá en el patio en su cuarto de empleada, en su
olor azucarado y traspiroso confundido con el polvillo del adobe, su
tibieza puede más que la sonajera del viento, su imagen me consuela, me
arrulla.
XV.
Estoy
una vez más enfermo de gripe o algo así. Constato la certeza de la
muerte y me perturba hasta el pánico paralizante. Si mi corazón deja de
latir moriré. , Me angustio y lloro calmadamente., Los añuñucos de mi
tía no me calman, la noche y la posibilidad de dormir me aterrorizan. El
doctor Faba me examina y su tranquilidad en medio de los rostros
contornados termina por apaciguarme.
XVI.
De almuerzo con Hernán Barrios, el juez, y su señora Gabriela, la secretaria del juzgado.
Chuleta con puré y de improviso el florero de centro de vidrio rojizo se triza.
Mi
madre exclama: "Virgen María, la Marisol, la Marisol" (por entonces en
Estados Unidos).A los pocos minutos el ring largo y urgente que
anunciaba una mala noticia.,
¿?
a subirá al segundo rápido para contestar. La tía Teresa, hermana de mi
padre, había fallecido a la misma hora de la trisadura del florero.
XVII.
De nuevo a Santiago a encontrar a Marisol. Esta vez vamos en
el Chevrolet de los Ortega, vidrios de las ventanas que suben automáticos y son polarizados.
Nos quedamos en la casa de los Dringberg. Lo que más me fascina es la televisión, de la que prácticamente no me separo, y las tres botellas de leche que cada mañana se estacionan en el refrigerador.
No voy al aeropuerto a esperar mi hermana, pues llega muy temprano.
Dos
autos de fricción, me trae de regalo, un policial grandote con marcador
de velocidad y que mueve su sirena y un cadillac blanco más pequeño.
Sólo me pasan el más pequeño, el otro lo guardan para cuando sea más grande.
También me trae una hermosa camisa de cotelé rojo.
XVIII.
Competencia de fin de año, habrá carreras de triciclo y de autos.
A la hora de acostarme llega don Hugo Pérez, el vecino, a ayudarle a mi tía a aceitar las ruedas del triciclo y del auto.
Son
las once de la mañana, la hora de la partida de la carrera. Yo y mi
triciclo somos uno solo. En los primeros metros me sigue de cerca el
hijo del profesor Ossandón, pero no puede resistir mi ritmo de carrera.
Gano lejos y no se presentan competidores en la carrera de autos. Las
tres cuadras y media que me separan de mi casa las hago inflado y
orgulloso, abrazado a mi bólido que nunca volvió a estar tan rápido. ¡Es
rico ganar! Me repito a mí mismo.
XIX.
La
sirena que marca las doce del día del cuartel de bomberos que está casi
al frente de mi casa nos interrumpe. Estamos con Marcela debajo de la
silla de playa, ella me muestra el poto y me pide a cambio que le
muestre el pirulín., No puedo satisfacerla: no sé desabrocharme los
botones del marrueco.
XX
La Navidad de 1965 en Angol.
Tengo por fin un tren de juguete. Es a pilas.
La locomotora echa humo y arrastra tres carros de carga.
Escuchamos
infinitas veces un disco de rondas infantiles españolas, "Los maderos
de San Juan piden pan no les dan, piden vino sí les dan, se marean y se
van".
Salimos
a pasear hacia el lado del aeródromo o vamos a la estación que al menos
dos veces al día ve pasar un tren conducido por una locomotora a vapor.
Me
gusta pasar por el molino "El Globo" cuando ya está oscuro. Sus motores
rugientes y una luz blanca que sale de las ventanas dominan el entorno
de la plaza que da a la casa de los Riquelme.
En la noche distingo perfectamente la llegada y salida del tren que combina en Renaico con el expreso a Santiago.
XXI.
Tío Pelao: "¿quiere leche?"
- Si.
- "No hay leche"
Y
me pongo a llorar. Broma siempre recordada en la familia -la de mi
sobrino Jaime- (32 años después mi hija Julia le hizo una broma parecida
con un "chiquitín" a mi sobrino nieto Jaime).
XXII.
Ha
llegado un nuevo vecino. El Tico es medio año menor que yo. Su tío
tiene un taxi Chevrolet imponente en el cual algunas veces nos permite
acompañarlo a dejar pasajeros para Codao o La Rosa.
Pasamos ese verano con el Tico entre la Quinta y el Parron.
Al
él le gustaba la Católica y yo estaba entre el Coló, que le gustaba al
David Muñoz que vive al frente, y la "U". La Marisol me ha traído una
insignia del chuncho y termina convenciéndome.
Jugamos arco a arco y en los descansos comemos sandías.
XXIII.
Mes a mes ir a cortarse el pelo a la peluquería Molina.
Arturito, el peluquero, tiene bastante clientela.
En la espera me entretengo sentado en unas sillas de marco negro y de fino mimbre hojeando
un estante llenos de Gol y Gol y Vea.
Me encanta sentarme en la silla y sentir el claque, claque de las
máquinas
de cortar pelo la charla amena y matizada por las miradas de Arturito
sobre mi rebelde remolino y al salir esa sensación de frescura y
liviandad en la cabeza.
XXIV.
Chile
va al mundial de Inglaterra En el teatro dan la película del partido
definitorio en Lima, es en blanco y negro y se distingue poco. Condorito
saca un número especial y Rubén Marcos marca el empate contra Corea,
goooool que relatado por Hernán Solís escucho jugando en la alfombra del
living. Mi tía me comienza a regalar la revista Estadio. En el primero,
Nelson Torres jugador de Palestino en la portada y en la contratapa la
plantilla titular de Santiago Morning.
Escucho
los partidos los sábados desde el Santa Laura y el domingo a la "U"
desde el Estadio Nacional o de los otros escenarios de la geografía
deportiva del país.
XXV.
En
el tren de 20:50 llega sábado por medio mi padre. En su maletín trae
los abarrotes que me encanta ordenar en la cajonera del buffet.
A veces se demora, ha pasado por algún bar y su borrachera enfadará a mi madre y a mi tía.
A la mañana siguiente, será el ultimo en ocupar el baño, sino nadie podrá ir a misa.
Cuando
anda con plata le compra empanadas al Gordo Silva en su restaurant al
lado de la estación o al vendedor de la Fresia Bravo que recorre en
bicicleta el pueblo.
A
mi tía le gusta tener aperitivo después de misa y se sacan los vasos
whisqueros con borde dorado, donde se sirve la Coca-Cola, A veces
pasamos a donde los Casar, los grandes toman Martini.
El
almuerzo dominical varía poco, normalmente, tallarines con salsa y un
pedazo de carne a la olla. A veces se compra una conserva en el almacén
del Pelao García.
Se
compra El Mercurio. Yo veo la caricatura del Reyecito, Lorenzo y
Pepita, Don Fausto y hago cohetes con las páginas de los avisos
económicos.
El domingo en el tren 17:40 mi padre partirá rumbo a Curicó, lo acompaño a la estación, me da un beso y un Escudo de mesada.
XXVI.
Viene
el Circo "Las Águilas Humanas" a Peumo. Su presentación será en la
"cancha del Peumo" allá detrás del hospital. Los anuncios llegan una
semana antes y yo sé que no hay nada más espectacular que se pueda ver
que ese espectáculo. A cuidarme para poder ir a la única función que es
de noche. Al llegar por fin el día, la sorpresa: la Teresa conoce a uno
de la tramoya, así que en sus hombros acompaño a la caravana de
invitación en su recorrido por las calles centrales del pueblo, cerca de
los payasos, los elefantes y las jaulas de los leones.
En
la noche nos sumergimos en esa inmensa carpa verdosa con dos pistas, en
donde cada número simplemente me estremece y deslumbra. La orquesta de
diez músicos uniformados acompaña desde un proscenio sobre la entrada de
los artistas y le imprime tensión y relajo al espectáculo Quisiera que
nunca terminara, que el espectáculo se prolongara o que yo me hiciera
parte de esa ilusión vertida en realidad.
XXVII.
En
el segundo año básico me toca en la mañana y conozco "el azuloso de
frío", pero claro que solo en las manos. Hasta tengo sabañones. Me
compran un abrigo de castilla crema que ni siquiera me saco adentro de
la sala como lo demuestra la foto del 2º año A y un gorro como los que
usan los tractoristas. Mi profesor se llama Abel Cataldo y viaja todos
los fines de semana en el servicio Galgo Azul de liebres amarillas y de
huincha azul que van a Rancagua por San Vicente. Es bueno para la
pelota, juega de defensa central en la Unión Veterana. Como somos como
nueve los zurdos en el curso, él escribe también con la izquierda. Todos
los admiramos mucho, pero él es un poco barrero y yo con mi aspecto
debilucho no le caigo del todo bien.
Se
organiza una gran revista de gimnasia de fin de año, vamos mañana y
tarde a entrenar. Por los calcetines de nylon y las zapatillas sellos
azul se me llegan a sumajar los pies. Se ilumina la cancha de básquetbol
colgando unas luminarias. Vestidos íntegramente de blanco, me toca
participar en la parte más fácil de espectáculo.
XXVIII.
Al
mar los boletos, es un viaje largo pasamos por Curico y de ahí en una
micro, azul y blanca con franja roja y motor Ford, por el camino pasamos
a un lento tren de trocha angosta que va Licanten, el camino tiene
muchas curvas y cuestas es de maicillo, por fin vemos una hermosa laguna
en donde dicen que hay cisnes. Es ya la tarde y el aire es muy húmedo,
llegamos al Hotel Llico, nos recibe el Tío Tano. Nos encontramos con los
Riquelme.
Me
encantan los almuerzos de tres platos y el comedor desde donde se
divisa un muelle carcomido y el oleaje del mar. Tomo muchas Bilz de
envase parecido al de la Pilsener.
En
la cocina la Tía Matilde toma mate de una tetera que tiene en el
brasero, Es muy morena, y gorda, tiene unos inmensos ojos saltones,
viste una pieza café indeterminada entre delantal, pintora y vestido: Es
acogedora. En las noches hacen funcionar la pianola o con mi cuñado
escuchamos los relatos radiales del hexagonal, en donde Peñarol trae un
arquero impresionante desde el apellido Marzhurquevick.
En
hotel Miramar hay unas niñas muy bonitas parecidas a la Verónica o a la
Isabel Busmester, la hija del medio del Quiquilín. Hay unas puestas de
sol en la que veo olas, mi Tía me regala una estrella de mar para
llevármela de recuerdo. Me encanta dormirme escuchando el
murmullo-arrullo del mar.
XIXX.
Los
domingos después de la misa, en la esquina de la farmacia, la más
importante de Peumo, me lustro los zapatos con uno hermanos del Malaya
chico que es mi compañero de curso, Al frente en la vereda de la tienda
de don Max Casar, la Banda Municipal correctamente uniformada de
pantalón blanco y camisa celeste toca sus temas más solicitados, después
enrumbamos, banda incluida, a la estación a esperar el tren. Los
domingos todos los pasajeros que arriben a Peumo pueden sentirse
importantes, son recibidos con los sones de la banda municipal.
XXX.
La
panadería de Peumo es la "Reina del Pacifico" que justamente queda a 40
metros de mi casa. La mezcla en el aire del humo de la chimenea con el
pan recién salido del horno es permanente. Los carretones techados de un
vivo color rojo y letras amarillas parten con su canasto de pan aun
humeante a vender hacia los sectores más alejados. Los camiones que una
vez por semana dejan la provisión de harina van estableciendo un ritmo
productivo permanente. En la madrugada las máquinas con su golpeteo
anuncian que a las siete de la mañana estará el pan fresco.
XXXI.
Marisol
de cumpleaños hay que mandar hacer la torta, preparar la encomienda y
esperar el paso del Vía RUC "flaco" en donde el guatón Bravo es el
cobrador, persona de confianza que da garantía que el preciado encargo
podrá ser devorado por mi hermana y sus compañeras del pensionado de la
carrera de Economía de La Chile.
XXXII.
La
procesión de la Cruz de Mayo, trae agitación y actividad al Cuartel de
los Bomberos. Se toca la sirena de aviso de reunión y parten en el carro
bomba junto a una caravana de automóviles. A eso de las 9 de la noche,
se ven subir la fila de antorcha rumbo a la cruz iluminada de la punta
del cerro. A medida que se van acercando al final de recorrido, las
antorchas rodean los últimos metros para llegar a la cruz. Al regreso el
cuartel mantiene actividad hasta altas horas de la noche.
XXXIII.
Por
no se que razón me levanto sin tomar desayuno, estoy en el baño y me da
un desvanecimiento, pronto se me pasa. Se me ocurre contar que me dado
una fatiga en la "Casa Salinas" al mismísimo Hugo encargado del local,
me pone el sobrenombre que me perseguirá por toda mi infancia.
Escucharlo de pronto a título de nada o repetido por un grupo, me empezó
a producir un cierto pavorcillo cada vez que tenía que pasar por un grupo. Ciertamente me dio popularidad pero más bien de las que se repudian.
XXXIV.
El
12 octubre esta de cumpleaños Oscar Corrales, sin duda el cumpleaños
más esperado por mi, por la abundancia en la comida, la amistad de Oscar
y las fragancias embriagante de las mandarines y jazmines en flor, que
convierten las escondidas y los paco- reo jugados entre el jardín y el
largo parrón, en un espectáculo que deja un sabor frutoso en el paladar y
un contagioso animo que parecen volver aun más desabrigada y sudorosa
la primavera pueblerina.
XXXV.
El bullicio del comercio se acaba a eso de las 5:30 de
la tarde en que se termina de cargar de mercancías la micro del Cheno
que va rumbo a Las Cabras, El Manzano y Cocalan. Su sonido es elocuente
por su escape libre, su avance pareciera implicar un esfuerzo adicional
del chofer por enderezar el vehículo. Los inquilinos de los fundos se
han venido abastecer en la tienda de los Álvarez, cuyo vendedor
estrella, es el "viejo de las bacinicas" o donde Tomas Ledo, con su
cajera eterna la Blanquita que es pensionista de los vecinos del lado,
los Núñez. Si se necesitaban cosas de ferretería son de la Antonio
Hoces. Al alejarse la micro roja y naranja, en el teatro tocan música
para avisar que la Vermouth esta por empezar. El músculo comienza su
sueño y la pasión más bien se prepara para despertar recorrer
habitaciones y los rincones íntimos del pueblo.
XXXVI.
El
padre Mariano tiene compañía, un simpático cura español más bien
colorado, agitado y pelado, siempre de anteojos de un color verdoso que
siempre esta de buen humor e incluso les convida vinos de misa a los
monajillos. Su estada no es por mucho tiempo a la hora de despedirlo en
mi casa se lo invita a comer estofado de liebre. El mismo lo pela con
una habilidad asombrosa y que en nada convierten al animal en una carne
exquisita acompañada del tradicional reservado Concha y Toro es un
almuerzo de muchas carcajadas.
XXXVII.
Casi
al frente se encuentra la casa-habitación y bodega del Diablito Fredes.
Su par de camiones Volvos, llegan a cargar o preparan largamente sus
motores para enrumbar a la Capital. De mi conocido vecino se decían
mucha cosas: que llegó de la costa de Colchagua sin saber leer y
escribir, que a pesar de eso compraba el diario y simulaba leerlo con
las letras patas para arriba, que se dedicaba la canasteo de fruta y que
nadie sabe como de pronto empezó a ser fortuna. Aquí la leyenda decía,
que su suerte la había logrado en un pacto con el mismo Diablo.
Fabulábamos con los compañeros de curso sobre como se había producido
este encuentro extraordinario, por allá en el sitio conocido como los
tres Boldos, bien arriba del cerro Gulutren. Nos imaginábamos al mismo
diablo que jugaba al tejo desde el cerro aquel y que tenía como línea el
río Cachapoal, estableciendo el pacto que convertiría con los años a
Fredes en una de las personas más ricas del pueblo.
XXVIII.
El
verano trae devuelta al pueblo a las hijas de Quiquilin Busmester. La
soledad del viejo cuidador con su mameluco derruido de mecánico eterno,
que todas las tardes se sienta delante de las imponentes puertas cafés,
son alterada, por la llegada de patrón y sus hijas. la más hermosa y
provocativa Isabel. Me hago el tiempo para verla salir en su bicicleta
celeste con esos impecables vestidos veraniegos, que solo ellas tienen
la exclusividad en Peumo. Por supuesto, que Isabel sabe que me gusta,
así al menos puedo retener su cara maliciosa y un tanto despectiva, para
su vecino al que lleva varios años y que insiste en mirarla como si
estuviera saboreando el mejor helado.
XXXIX.
Antes
del otoño, aun cuando los días de clase no se diferencian mucho de lo
que fue el verano, comienza el tráfico de los camiones que transportan
el mosto recién pisoteado partiendo en su proceso vinificador. La calle
principal por donde pasan los camiones, lentamente se van impregnando
todo con el olor a uvas cambert sauvignon recién exprimida. Una
sensación de bienestar nos inunda, de bonanza de un ciclo una vez más
realizado que ayuda entibiar lo queda del final del verano.
XXXX.
En
el altar de la izquierda, una inmensa virgen del Carmen con emblema
tricolor, recibe mi ave marías. El niño Jesús en su regazo parece
tranquilo y a mi me gusta venir a este rincón de la iglesia. La
inauguración de la Capilla de " Las puertas de Peumo" a una gran
distancia de la casa para mis años infantiles, implicará el traslado de
la imagen y con el alejamiento de ella partirá la parte más grande y
sincera de mi fe religiosa.
XXXXI.
Los
jueves sale de la imprenta "El Progreso de Cachapoal", mi madre desde
su cama ordena que la nana de turno le compre el periódico a algunos de
los Lira que vocea, que son los suplementeros del pueblo. Las noticias
no son muy variadas en el verano la escueta información de los que
perecen ahogados en el rió, los atropellados por el tren, o las
sempiterna gestiones sobre la inminente pavimentación del camino a Las
Cabras, los resultados del fútbol local y la suerte de la Unión Veterana
en el Campeonato Regional Zona Central. Algo muy importante la
cartelera semanal del cine.
XXXXII.
He
sido el primero junto al "Malaya" en aprenderme las tablas de
multiplicar el profesor nos felicita, los dientes sobresaliente de
"Malaya" se dejan ver más prominentes en medio de su alegría que dura
muy poco, dejará de estudiar ese mismo año.
En
ese mismo año hago mi primera encuesta es necesario dilucidar cuál es
el club más popular entre los alumnos del cuarto "A", más de alguno no
comprende mi vocación de sociólogo precoz y se niega contestar por no
encontrarle sentido, del resultado no me acuerdo.
XXXXIII.
Dieciocho
de septiembre de 1967, esta vez las fondas no están en su sitio
tradicional "Cancha de Carrera", sino que pegadas al alto muro de la
cárcel, algo así como 6 fondas con sus pequeñas orquestas. el guatón
Avilés insiste en que pruebe la chicha que esta dulcecita, me embriago y
trato de hacer pichi en el pino más grande del pueblo y no le achunto
al tronco, llegó apenas a la casa, me abre la Teresa que muy rápido me
da en mi tazón "si café" el te con leche. Los invitados y mi mama
dormían una larga siesta y cuando pasan a tomar once yo ya no tengo
señas de mi primera borrachera.
XXXXIV.
Mi
hermana Marisol una noche me explica como la semillita del hombre entra
en la de la mujer y se tienen los hijos. Al otro día se los explico a
mis compañeros. Llega a los oídos del director don Oscar Soto y este
decide llamar a mi apoderada, le explica que esto que yo he contado es
francamente inaceptable de escuchar en niños de 3º año básico y amenaza
con expulsarme del colegio si esto se vuelve a repetir. Mi madre se
encoge de hombros y le dice " pero si es la verdad, que quiere que diga
el niño".
XXXXV.
Era
agosto y jugábamos con Oscar en la pieza chica, de repente mi mama y mi
tía subieron las voces, discutían con una furia que no me acordaba a
verles visto nunca. Oscar se arranca rápido. Mi tía dice que no
aguantaba más y que se va de la casa. Da un portazo y con su ida todo me
parece más oscuro y frío. Mi mama pasa a dormir en la cama de mi tía,
en la pieza que compartíamos, ya esta acostada cuando la Marisol entra y
comienza a contarle que le pareció la película como si se tratara de mi
tía. Al otro día vamos a la municipalidad a tratarla de que vuelva a
casa. Esta muy demacrada y nos dice que no lo hará en medio de pucheros.
La
Teresa parece que ya se quiere casar con el Aviles, mi mama le pide que
no nos deje y nos vamos a Temuco, por primera vez en conche salón, voy
feliz en el asiento reclinable al lado de Teresa, mi mama va en el
asiento de atrás, hasta el boletero cree que somos madre e hijo.
Me
despierto temprano viendo pasar estaciones con nombres inesperados y
desconocidos. Llegamos a una estación techada y con mucho humo de
locomotoras a vapor.
La
mayoría de los días están nublados y a lo lejos se escuchan los largos
pitazos del vapor y los heladeros tocan un cuerno para anunciarse. La
Teresa se queda unos días y dice que nos esperara en Peumo. Acá esta la
Meche que es distinta a la nana de Angol, es mapuche, muy joven y seria,
un día de salida me invita a pasear con ella, en la liebre 7 llegamos
hasta el final del recorrido, las instalaciones de Endesa, donde se
termina la ciudad por el Norte.
Una
noche de improviso, Jaime mi padrino me lleva al estadio, Jaimito se
queda llorando, me siento grande, vamos haber un amistoso entre el Green
y un equipo de Austria. Me acuerdo de sobremanera de Pancho Fernández
,el Arquero que apenas se distingue en la semipenumbra de la cancha. El
Green no repite la actuación històrica contra Rusia y pierde tres por
uno.
Llega
la pascua a la casa de Recreo 620, recibo los mismos regalos de Jaimito
de vuelta a Peumo, sin Teresa se acaban los Celerac y Milo de regalo
que venían directamente de Chiprodal de Graneros, una procesión de nanas
no logran remplazar a mi Teresa que ya comienza a tener sus propios
hijos y el Aviles se ha puesto bueno para el trago. La casa me parece
vacía, que se llena un poquito con los cheques que envían los hermanos
para que su madre pueda mantener la casa. Un sueño de verano me
perturba, veo bajar por la escalera a mi tía desnuda cuando le toco un
muslo para detenerla mi dedo se sumerge en su piel que resulta ser como
la del postre de leche con maizena.
XXXXVI
Es
el tiempo de los nísperos que nos entretienen por horas en el árbol que
se encuentra pegado a la acequia que cruza la quinta. Llegan a bañarse
la Maria Estela y la Liliana, el Tico insiste en que nos mostremos lo
que nos tapa los calzoncillos y los calzones. Los cuatros nos calateamos
y después decidimos ir a jugar a los papas a una pieza abandonada de la
casa de la Liliana, cuando estamos empezando nos piílla la María la
nana de la Liliana.
Comienzo
a ir a visitar a mi tía que se ha instalado en la casa de las hermanas
Espíndola. Me regala un hermoso banderín de la Campeón de 1967, con la
foto del plantel y los 17 distintivos del resto de equipo en competencia
que pasan a estar en el sitial de honor de mi pieza. Normalmente voy
los sábados voy almorzar con ella, la casa es antigua y si bien la
comida están escuálida como en la mía se sirve en fuentes. La hermosa
señora Melanita preside la mesa cuando se siente con fuerza, sino no se
ha podido levantar entro a su pieza a conversarle un rato la siento
parecida a esa abuela de la que tanto he escuchado hablar y que no
conocí.
XXXXVII.
En
lo que queda de la Casa de Ejercicios son la clases de catecismo los
sábados, vamos casi todos los del cuarto, en noviembre, todos los días
nos sacan de clases para ir a prepararnos. Partimos con mi mama a Curico
para que mi papa me compre el terno que debo lucir en la ceremonia. En
la Casa Franco esta lo que necesitamos es de una tela con un fondo medio
café y vivos levemente morados.
Es
sábado en la tarde y nos confesamos de los pecados una sensación de
limpieza y de haber alcanzado un estado de bueno que nada debe romper me
embarga. Incrédulo veo como otro de los confesados a título de escopeta
grita desde la otra vereda "cocha de su madre", pienso que él es malo y
será sin duda castigado por eso.
En
ayuno a eso de la ocho de la mañana partimos para la iglesia, un obispo
anciano, más bien pequeño de estatura y encorvado, vestido de púrpura
preside la ceremonia, estoy confuso de poder tragar la hostia o que no
pueda atraparla, pero es suave al paladar y pronto me la he tragado. A
la recepción a mi casa llega el Diputado Isla que esta en plena campaña
por alcanzar el senado, con un regalo. En la tarde esta la procesión del
ocho de diciembre que esta vez no tiene a nosotros a los que hemos
comulgados por primera vez como protagonista. Como siempre son muchos
los carros alegóricos y en la cancha dos del estadio se ha instalado un
escenario presidido por inmensa cruz de gasa blanca.
XXXVIII.
Los
días de radios comienza a eso de los nueve y treinta con las "
Confidencias de un Espejo" de Cristi Brandt. Las cartas de las auditoras
por lo general hablan de la famosa prueba de amor y sus consecuencias.
Rupturas abruptas, engaños, llantos y sollozos, sufrimientos mañaneros
que mi madre sigue atentamente: "la bandita de firulete" y su personajes
mejoran el animo, hasta que llega "Lo que cuenta el Viento”. leyendas e
historias de embrujos y maldiciones. Por fin, "Hogar Dulce Hogar". Con
Celedonio Menares "ese coreano" según la suegra que avisa que no va
llegar almuerzo porque desde la bomba len ha avisado que a esa hora va
haber un incendio. La Sinfo siempre dirigiendo la casa y pillando una y
otra vez a su marido, la suegra súper cargante, la Raka una pensionista
que le tira los corridos al Celedonio. la asopada de la meche que es
bien huasa y viene de Cañete. Emeterio el maestro chasquilla curaguilla e
incumplidor y después se agrega el Potoco que un cabrochico agrandado y
mete tapa. Las Noticias y después las comedias que generalmente me
pierdo porque voy clases en la tarde. Con algunas nana sintonizamos la
Radio Manuel Rodríguez de San Fernando para escuchar corridos y
rancheras. Al atardecer Discomania con canciones Herve Villard, "esta
tarde vi. llover" de Manzanero, Raphael, los Bric a Brac, Adamo, Sandro o
Los Iracundos. Más Tarde nuevamente "Hogar Dulce Hogar" y cuando por
fin puedo escuchar la Radio Agricultura que me facilita, la Doctora
Weiss, la "Tercera Oreja" con sus historias que a veces dan miedos
escuchar con la luz apagada o que otra veces me desvelan porque las sigo
reviviendo por largo rato. Después hay pensamientos y poemas para
terminar el día. Los domingos a escuchar los relatos desde la cancha de
Carlos Márquez y el resumen deportivo a cargo de Julio Martínez, para
después disfrutar la adaptación radial del estreno de cine romántico de
la semana.
XXXXIL.
Gran
novedad en la escuela en una grabadora de cinta el profesor nos
pregunta que queremos ser cuando grande. Yo dijo maquinista de tren.
Después en una reunión de apoderado el profesor se lo hace escuchar a
los padres.
Hacerse
Boy Scout esta de moda, pero mi mama no me deja participar, me da
envidia ver a los que lucen sus uniformes y salen de paseo.
L.
El
Circo "Apolo" se instala en el sitio de al lado de la Cárcel, La carpa
es blanca y tiene pocos números, de animales solo una llama solitaria,
lo que más me impresiona es el pequeño trapecista rubio de ojos azules y
cachetes rojos a tono con su vestimenta, tiene mi edad y con un enorme
sonrisa hace sus números desde lo alto. Cuando estamos en recreo jugando
a la pelota se suele subir a la pandereta que rodea el patio, a
observar nuestra condición de prisioneros que queda en evidencia, cuando
debemos volver a clases, mientras el sigue libre por las calles
esperando la hora de volver a sentir los aplausos a allá arriba en el
trapecio.
LI.
La
conquista del espacio es el infierno con una de las primeras "Apolo",
pero por fin ha llegado el gran día es invierno, mi tía me ofrece a
última hora, no muy convencida ir a Santiago para ver en directo y por
la Tele la llegada del hombre a Luna. A las 18:30, veo partir el último
Vía RUC que nos podía llevar, con el se aleja mi oportunidad de ser
testigo de algo trascendental. La noche esta nublada, y el nuevo día por
venir me encontrara más orgullosos de pertenecer a la especie humana.
LII.
El
profesor Castillo esta cargo de educación física y hace que hagamos un
campeonato interno de fútbol en el curso. Cada semana hay partidos entre
los cuatro equipos, quedo como era de esperar el
mas el malo de los equipos. Invento una táctica que después el
"gordo"Santibañez me copiara hasta la saciedad. Me quedo de "lauchero"
esperando el pase. Resultado en tres partidos un empate a uno y dos
triunfos por un gol. Voy goleador y mis compañeros alegan mi posición
pero se juega sin Ofside.
Los
días de primavera se alargan y alentados por mis recientes éxitos
futbolísticos reúno a unos vecinos para tener un club propio, me consigo
una pelota de cuero vieja con el "checho" López el papá del Patán y
partimos a jugar el primer encuentro pactado en la cancha de fulbito de
estadio. El partido es apretado y la final desfavorable. Al ir buscar
agua a una casa vecina para refrescarnos la pelota desaparece, yo no me
doy cuenta de eso hasta mucho rato después, cuando sentado como tantas
tardes en escalón de la puerta veía como se iba la luz del día, por la
calle Sarmiento se escuchaba un rumor que parecía algo así como una
manifestación. De pronto ví a unos 10 compañeros de esa partida que
venían a buscarme para que respondiera por esa pelota perdida ante
"Checho". Se me decía a gritos que tenía que responder y que tenía que
ir al tiro a la casa del "Checho" casi a empujones y con el mismo
alharaquero que habían llegado fui conducido rumbo a donde
el "Checho" López y no quedaron tranquilo hasta que entrados en el
patio le dije que le pagaría su pelota. Desde ese día y por años el
"Checho" López me cobro la pelota que por supuesto nunca pensé pagarle.
LIII.
La
época de las peleas a combos llegó y el debilucho, menor del curso
sufrió las consecuencias, sobretodo de los que tenían por costumbre
agarrar alguno de "material para el hueveo". De semanero del aseo me
toco con el "chueco" Martines que le había dado por pegarme, hasta que
el Cabello que no solo era el mejor para el fútbol, sino que también
para los combos lo saco de encima mío y se lo fleto. Gracias Cabello.
LIII.
Otra
tarde esta vez de Otoño, reto al "Toño" Soto hijo del director a
dirimir antiguas rivalidades después de clase porque ambos éramos amigo
de Oscar, pero no tragamos entre ambos. El sitio el la plazoleta de
afuera, desde la casa del director el mismo lo alienta, el es más
maceteado que yo, pero mi práctica con guantes box, en la trastienda de
la "Casa Salinas" de algo me han servido y le dijo "yo soy el jugador y
voz soy la pelota", le pego su pape en la nariz que le saca harta
sangre, tanto que vuelven a llamar a mi mama de la dirección el me pega
un recto sobre la ceja que me deja un cototo. La pelea se detiene y se
puede decir que se declara empate, pero yo igual me voy llorando
desconsolado.